El estrés es un tema tratado a diario en todos los ámbitos; lo sufren los adultos y también los niños. Existen numerosas alternativas para encararlo, desde centros especializados que brindan un clima especial para “desestresarse”, como técnicas de diferente origen.
La técnica que a continuación explicaremos, servirá para prevenir el estrés y es utilizada al iniciar la práctica de Chi Kung o Tai Chi.
Consiste simplemente en respirar suave y profundamente. Todos respiramos, pero no siempre lo hacemos en la forma adecuada para que nuestro organismo reciba la cantidad de oxígeno necesario.
La respiración que se utiliza generalmente en occidente cuando se realizan ejercicios físicos o determinados deportes, aumentan la capacidad pulmonar.
La misma conducta respiratoria se repite en diferentes momentos a lo largo del día, agregando además el desequilibrio entre la entrada y la salida del aire.
Por ejemplo: - El tren no llegó a horario y entonces, espiro con más fuerza que inspiro.- Si estoy angustiado es a la inversa, inspiro con mas fuerza que espiro.
Nuestro objetivo será entonces, modificar esta conducta respiratoria para volver a la respiración profunda con la que nacimos, la respiración abdominal.
Respiración suave y abdominal: Normalmente cuando nos proponen respirar profundamente, lo primero que hacemos es esforzar las fosas nasales (pensando que de esa manera entrará mas oxígeno) y escuchamos como el aire penetra.
Por el contrario, para que la respiración sea suave necesitamos aspirar y espirar por la nariz pero sin forzar. La entrada de aire debe ser imperceptible.
Dice un antiguo dicho: ¨ El oído quiere escuchar a la nariz, pero la nariz no quiere que la oigan ¨.
COMO HACER LOS EJERCICIOS:
Una vez que controlamos que la entrada de aire es suave, comencemos a concentrarnos en la respiración abdominal.
Para tomar conciencia de la respiración abdominal, en un comienzo podemos colocar nuestras manos sobre el abdomen, para verificar que al inspirar se hinche y al espirar se deshinche. Al realizar la respiración el punto de concentración siempre será el abdomen.
Se puede practicar acostado, sentado o parado. Cualquiera de las tres posiciones le permitirán hacer suya la respiración, lo importante es concentrarse en el abdomen.
- Acostado, si nota que no llega el suficiente oxígeno al abdomen, apoye las plantas de
los pies plegando levemente las rodillas, esta posición puede ayudar a que la
respiración sea más profunda.
- Sentado, siempre con la concentración en el abdomen, simplemente coloque su
columna derecha pensando que de la cabeza tira un hilo hacia arriba, sin elevar el
mentón.
- Parado, es muy posible que la entrada de aire llegue hasta el pecho o bien que llegue
muy poco aire al abdomen; en ese caso piense que está sentado en un banco muy
alto (esta posición adelantará levemente su pelvis) y que de la cabeza tira un hilo
hacia arriba. La concentración como siempre en el abdomen.
Realice esta respiración cinco o seis veces al día. Aunque cada práctica no le lleve mas de medio minuto, si lo hace con concentración, pronto pasará a ser una respiración natural para su cuerpo. Estaremos relajados pero atentos ante los inconvenientes cotidianos. Solo se necesita, querer hacerlo y practicarlo a diario.
Al hacer la respiración suave y abdominal, sus órganos internos reciben el aire necesario para ser masajeados, esto los relaja y su mente que estuvo concentrada en el ejercicio también fue oxigenada debidamente y se mantendrá clara y serena.
Por otra parte no se necesita un lugar o un tiempo determinado, ni una música especial para practicarlo. Lo que sí se necesita es la voluntad de practicarlo.
Se puede realizar en diferentes momentos a lo largo del día;
sugerencias:
- cuando estamos sentados en el colectivo
- en las largas colas del banco
En fin, en esos momentos en que sentimos que perdemos el tiempo, aprovéchelo practicando. Su cuerpo, su mente y sus emociones se los agradecerán.
Cuando uno adquiere destreza en el ejercicio de respiración abdominal, lo hace en forma natural, suave, rítmica y profundamente aunque no se esté consciente de ello.
La tranquilidad mental nos provee de la claridad necesaria para no preocuparnos, es decir no ocuparnos antes de que los acontecimientos se produzcan y resolver los inconvenientes a medida que se presenten, con más calma.
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